Cómo perdonar sin olvidar tu dignidad
- Gina Sanabria
- 7 dic 2025
- 2 Min. de lectura

El perdón no es silencio ni sometimiento, es libertad interior.
Perdonar es uno de los actos más profundos y exigentes del Evangelio. Jesús nos llama a perdonar setenta veces siete (Mt 18,22), pero eso no significa permitir abusos, negar el dolor o callar ante la injusticia. Perdonar es sanar, no renunciar a tu dignidad ni al amor propio que Dios ha puesto en ti.
Este artículo propone un camino para perdonar sin perder el respeto por uno mismo.
1. Perdonar no es olvidar
La memoria nos ayuda a aprender y a crecer. “Olvidar” no siempre es posible, y tampoco necesario. Hay heridas que dejan cicatrices, pero esas marcas pueden transformarse en sabiduría.
Perdonar no es borrar la historia, sino soltar la carga que nos ata al pasado.
“La misericordia y la verdad se encontraron; la justicia y la paz se besaron.” — Sal 85,11
El perdón debe caminar junto con la verdad. No se construye negando lo que ocurrió, sino mirándolo con los ojos sanados por Dios.
2. Perdonar es un acto de amor hacia ti mismo
No perdonamos solo por el otro —perdonamos para recuperar la paz interior. Guardar rencor es como beber veneno esperando que otro muera. El perdón libera, afloja la herida, vuelve a encender la vida.
Sin embargo, perdonar no significa permitir que te hieran otra vez. Tu dignidad es don de Dios: defenderla es parte de amar.
Tu corazón es sagrado. No lo pongas en manos de quien no sepa cuidarlo.
3. Perdonar no implica regresar al mismo lugar
Puedes perdonar y aún así:
marcar distancia
poner límites claros
no retomar la relación de antes
proteger tu paz y tu integridad
El perdón no exige volver a confiar inmediatamente. La confianza se recupera con hechos, tiempo y coherencia.
El perdón es gratis. La confianza se gana.
4. Cómo perdonar sin perder tu valor
Te comparto tres pasos que puedes convertir en contenido adicional para próximas publicaciones:
Reconoce el dolor sin justificarlo
Nombrar lo que sucedió es el primer paso. El daño que no se reconoce, no se sana.
“Me dolió, pero ya no me define.”
Decide perdonar, aunque aún duela
El perdón es elección espiritual, no solo emoción. Puede comenzar como acto de fe y sentirse después.
Pon límites por amor
No límites por venganza, sino por salud interior. Perdonar con dignidad es decir:
“Te perdono, pero cuido mi paz.”“Te deseo bien, pero no permitiré que vuelvas a herir.”
Esto no es orgullo, es amor ordenado.
5. Cuando cuesta perdonar
Si el corazón está duro, pídele a Dios que perdone contigo, a través de ti. Orar por quien nos ha herido no minimiza el dolor, pero rompe el poder del resentimiento.
Oremos
Señor, sana mis heridas, límpiame del rencor y enséñame a perdonar sin renunciar a la dignidad que Tú me has dado. Que mi corazón sea libre, fuerte y lleno de Tu paz. Amén.



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