Indulgencia plenaria el 31 de diciembre. Rezo del Te Deum en acción de gracias
- Gina Sanabria
- 31 dic 2025
- 2 Min. de lectura

¿Qué establece la Iglesia?
La Iglesia concede indulgencia plenaria a los fieles que, el día 31 de diciembre, recen devotamente el himno Te Deum en acción de gracias por los beneficios recibidos durante el año.
Esta concesión se encuentra en el Enchiridion Indulgentiarum (Manual de las Indulgencias), norma 26 §1, n. 2.
Condiciones para obtener la indulgencia plenaria
Además del rezo del Te Deum, se deben cumplir las condiciones habituales:
Confesión sacramental(puede ser algunos días antes o después).
Comunión eucarística.
Oración por las intenciones del Papa(por ejemplo, un Padre Nuestro y un Ave María).
Desapego total del pecado, incluso venial.
Si falta alguna de estas condiciones, la indulgencia será parcial.
Forma válida del rezo
Puede rezarse en una iglesia u oratorio, de forma comunitaria o individual.
Es válido en latín o en lengua vernácula.
Debe hacerse con intención explícita de dar gracias a Dios por el año que termina.
Fundamento doctrinal
La doctrina de las indulgencias está explicada de manera oficial en el Catecismo de la Iglesia Católica, especialmente en los números 1471–1479, donde se enseña que:
La indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados ya perdonados.
Puede aplicarse a uno mismo o a un alma del purgatorio.
Nota pastoral importante
Esta indulgencia es un acto profundamente espiritual, no automático ni mágico. El Te Deum expresa:
Gratitud sincera.
Reconocimiento de la providencia divina.
Disposición a iniciar el nuevo año en conversión y esperanza.
TE DEUM
Himno de acción de gracias
Te alabamos, Dios,
te reconocemos como Señor.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles, todos los cielos y las potestades,
los querubines y serafines
te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo es el Señor, Dios del universo.
Llenos están el cielo y la tierra de tu gloria.
A ti te ensalza el glorioso coro de los apóstoles,
la multitud admirable de los profetas,
el blanco ejército de los mártires te aclama.
A ti la santa Iglesia, extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa majestad,
Hijo único y verdadero, digno de adoración,
Espíritu Santo, defensor y consolador.
Tú eres el Rey de la gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo eterno del Padre.
Para salvar al hombre
aceptaste la condición humana
sin desdeñar el seno de la Virgen.
Venciste a la muerte
y abriste a los creyentes
las puertas del cielo.
Tú estás sentado a la derecha de Dios
en la gloria del Padre.
Creemos que has de venir
como juez de vivos y muertos.
Por eso, te rogamos:
socorre a tus siervos,
a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que seamos contados
entre tus santos
en la gloria eterna.
Salva a tu pueblo, Señor,
y bendice a tu heredad.
Sé su pastor
y guíalos por siempre.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu Nombre para siempre,
por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor,
guardarnos del pecado en este día.
Ten piedad de nosotros, Señor,
ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia, Señor,
venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
En ti, Señor, confié,
no me veré defraudado para siempre.
Amén.



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